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“Ya tengo dónde llevarle flores, pero ahora falta la justicia”

“Ya tengo dónde llevarle flores, pero ahora falta la justicia”

Entre el duelo y la rabia: Pizarrete despide a Kali Francheska, la joven hallada tras días de angustia en Sosúa

PIZARRETE, PERAVIA.– El viento seco del cementerio municipal de Pizarrete arrastraba hoy algo más que polvo; llevaba consigo el eco de un llanto que se transformó en exigencia. Paula González, una abuela que crió a su nieta como una hija, finalmente pudo cerrar el ciclo de la incertidumbre, pero abrió uno mucho más difícil: el de la lucha contra la impunidad.

Al depositar los restos de Kali Francheska González, hallada sin vida en el municipio de Sosúa tras varios días desaparecida, doña Paula resumió en una frase el drama de cientos de familias dominicanas: “Ahora al menos tengo donde llevarle flores, pero quiero justicia”.

El calvario de una búsqueda con final trágico

Lo que comenzó como una desesperada alerta en redes sociales terminó de la peor manera en la costa norte. El traslado del cuerpo desde Puerto Plata hasta su natal Peravia fue un trayecto marcado por el silencio y la indignación de una comunidad que describe a la joven como una persona llena de vida, cuya trayectoria fue cortada de forma violenta y prematura.

Puntos clave de la demanda social:

El vacío legal: A pesar del hallazgo, los familiares denuncian que las investigaciones no avanzan al ritmo que exige la gravedad del caso.

Sosúa bajo la lupa: El hallazgo del cuerpo en este enclave turístico ha levantado alarmas sobre la seguridad de las mujeres en la zona y los protocolos de respuesta ante desapariciones.

Un pueblo en vigilia: En Pizarrete, no se habla de otra cosa. El sepelio no fue solo un acto de fe cristiana, sino una manifestación espontánea de vecinos que exigen que el nombre de Kali Francheska no pase a formar parte de las frías estadísticas de expedientes archivados.

Justicia: La única forma de consuelo

Para Paula González, el duelo no termina con el entierro. La paz que da el tener un lugar sagrado donde llorar a su «hija» es solo el primer paso. El clamor en el cementerio fue unánime: la policía y el Ministerio Público tienen una deuda con esta familia.

«Las flores se marchitan, pero el hambre de justicia no se quita con la tierra», comentaba uno de los asistentes mientras el ataúd descendía, simbolizando el cierre de una búsqueda física, pero el inicio de una batalla legal que Pizarrete promete no abandonar

La redaccion

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