El peligro de la tibieza: Una advertencia necesaria
Por: José Abreu
La diplomacia no es solo el arte de las formas, sino también el de las definiciones. Por ello, la reciente reacción de la embajadora de los Estados Unidos en la República Dominicana, Leah Francis Campos, no debe leerse como un simple exabrupto en redes sociales, sino como una advertencia geopolítica de primer orden. Al citar el pasaje bíblico de Apocalipsis 3:16 —“Porque eres tibio, y no eres ni frío ni caliente, te voy a vomitar de mi boca”—, la diplomática ha puesto el dedo en una llaga que el Gobierno dominicano parece ignorar: la ambigüedad en tiempos de polarización es un lujo que no podemos darnos.
La participación Ministro de Justicia del Poder Ejecutivo, Antoliano Peralta, en la denominada «Movilización Progresista Global» en Barcelona, es, por decir lo menos, un contrasentido estratégico. Mientras el Palacio Nacional cultiva una relación estrecha y vital con la administración del presidente Donald Trump, enviar representación oficial a un cónclave que busca precisamente rearmar el ideario socialdemócrata frente al «auge de las fuerzas nacionalistas» es un mensaje contradictorio que genera desconfianza en nuestro principal socio comercial y aliado histórico.
¿Qué busca la República Dominicana en una cumbre impulsada por Pedro Sánchez y Lula da Silva? Los intereses nacionales no residen en los experimentos de una izquierda que hoy se aglutina para intentar frenar una corriente global de la que Estados Unidos es líder. Nuestra realidad es distinta y pragmática: al norte no solo está nuestro mayor mercado, sino el hogar de casi 3 millones de dominicanos cuya estabilidad depende de la solidez de este vínculo bilateral.
La embajadora Campos tiene razón en su vehemencia. En el actual tablero internacional, la «tibieza» no es prudencia, es falta de visión. No se puede coquetear con agendas progresistas que, en el fondo, cuestionan los valores y las alianzas que garantizan nuestra seguridad y crecimiento económico. El presidente Luis Abinader ha demostrado ser un aliado de Washington, pero acciones como la de Barcelona empañan esa claridad.
Defender a Estados Unidos en este contexto es, en última instancia, defender a la República Dominicana. No es momento de intentar quedar bien con todos, especialmente cuando los «todos» en cuestión promueven visiones del mundo que chocan frontalmente con los intereses del socio que siempre ha estado ahí.
La advertencia está sobre la mesa. En política internacional, la falta de definición se paga con el aislamiento o, peor aún, con la pérdida de la confianza de quienes sostienen nuestra economía y nuestra diáspora. Es hora de dejar atrás los coqueteos ideológicos innecesarios y dar un paso al frente en defensa de una alianza que no admite términos medios.

