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No bastan ocho: La «Ley del Enjambre» y la urgencia de una justicia colectiva

No bastan ocho: La «Ley del Enjambre» y la urgencia de una justicia colectiva

La noticia del apresamiento de ocho individuos implicados en la muerte de Deivy Carlos Abreu Quesada en Santiago de los Caballeros es, en el mejor de los casos, un inicio, pero bajo ninguna circunstancia puede considerarse un cierre. La Policía Nacional ha identificado al presunto autor material de la estocada mortal, pero lo que ocurrió esa fatídica tarde de sábado no fue un altercado individual; fue un linchamiento colectivo, una ejecución en manada que desnudó la cara más amarga de nuestra descomposición social.

Como sociedad, no podemos conformarnos con «ocho arrestos». Lo que vimos en Santiago fue la formación de una asociación de malhechores espontánea, donde cada motorista que se sumó a la persecución, cada individuo que bloqueó el paso del camión y cada «facineroso» que vitoreó o impidió que la víctima fuera auxiliada, es cómplice de este asesinato. Porque hay que llamarlo por su nombre: fue un asesinato.

La complicidad del silencio y la omisión

Es desgarrador y profundamente indignante saber que Deivy Carlos murió no solo por el acero, sino por la indiferencia. Mientras él imploraba auxilio, la lógica del enjambre se impuso ante la humanidad de los presentes. La autoridad debe entender que aquí hubo una intención criminal compartida. El derecho penal dominicano tipifica la asociación de malhechores y la complicidad; por tanto, la justicia tiene la obligación moral y legal de buscar a cada uno de los integrantes de esa «manada» que persiguió al camión.

¿Dónde están los demás? Las cámaras de seguridad y los videos que circulan en redes sociales muestran a una multitud enardecida. Someter a solo ocho personas es dejar una puerta abierta a la impunidad. Es decirle a los demás participantes que pueden perseguir, acosar y contribuir a una tragedia sin que el brazo de la ley los alcance.

Un mensaje de autoridad o el triunfo de la anarquíaEste caso es la prueba de fuego para la Policía Nacional y el Ministerio Público. Si la respuesta del Estado es tibia o limitada, se estará validando que el manubrio de una motocicleta es, en efecto, una licencia para actuar por encima de la ley.

Exigimos a las autoridades:

Identificación total: No se detengan en los ocho primeros. Utilicen la tecnología forense para identificar a cada conductor de motocicleta que participó en la persecución y el asedio.

Cargos por Asociación de Malhechores: Que el peso de la ley caiga sobre el grupo, no solo sobre quien sostuvo el arma. Quien persigue con intención de dañar es parte del crimen.

Protección al servidor público: Deivy Carlos era un trabajador municipal cumpliendo una labor esencial. Su muerte es un ataque a la institucionalidad y al orden público.

La memoria de Deivy Carlos Abreu Quesada exige justicia, pero no una justicia a medias. No permitiremos que este horrendo crimen se diluya en la burocracia de un expediente limitado. La «manada» debe pagar completa, para que el asfalto de Santiago y de todo el país deje de ser el escenario de tribunales callejeros donde la vida no vale nada.

Justicia total. No más impunidad en dos ruedas.

La redaccion

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