Soberanía en jaque: Entre la carnetización y la urgencia de una política migratoria real
Por: José Abreu
Desde hace un tiempo, observo con profunda preocupación una dualidad peligrosa en el liderazgo dominicano: por un lado, una determinación mal enfocada de ciertas autoridades y, por otro, una indiferencia cómplice de los sectores productivos ante la migración desbordante de nacionales haitianos. Estamos ante un escenario donde la soberanía nacional no se defiende con discursos, sino con acciones que no dejen espacio a la ambigüedad.
Es imperativo detenernos en la gestión de la Dirección General de Migración, encabezada por el Vicealmirante Luis Rafael Lee Ballester. Bajo el amparo de un supuesto «Plan de Renovación, el cual, no es, más que, una regularización solapada», se pretende renovar permisos temporales que, en la práctica, no son más que una puerta trasera a la regularización masiva. Esta acción, que he denunciado de manera sostenida, no es un trámite administrativo inocente; es un atentado directo contra la soberanía de la República Dominicana. Otorgar carnets de forma indiscriminada, bajo la excusa de «ordenar», solo profundiza el arraigo de una población que el Estado ha sido incapaz de contabilizar y controlar con rigor.
En este tablero geopolítico, surge nuevamente la discusión sobre la reapertura de nuestros consulados en Haití, cerrados por disposición del presidente Luis Abinader en septiembre de 2023 tras el conflicto por la construcción ilegal del canal en el río Masacre. Aunque el cierre fue una medida de presión, siempre la cuestione, la realidad actual nos obliga a ser más estratégicos que emocionales.
La soberanía se preserva con control, no con aislamiento ciego. Considero que es preferible y mucho más seguro para el interés nacional proceder con la apertura de los consulados para retomar el control del flujo migratorio desde su origen. En lugar de carnets cuestionables y procesos de regularización internos que vician la legalidad en nuestro territorio, el plan debe ser claro: dotar al nacional haitiano de una visa de trabajo estampada en su pasaporte.
Esta distinción es fundamental. Una visa de trabajo en un pasaporte implica:
Identidad soberana: El extranjero es reconocido por su propio Estado.
Temporalidad real: El estatus está sujeto a un contrato y un tiempo definido.
Control tributario y biométrico: El portador entra al sistema de manera formal y trazable.
Los dominicanos no podemos, ni debemos, seguir cargando con el peso de una migración desbordante que es hija de dos males: la incapacidad del liderazgo político haitiano y el avance aterrador de las bandas criminales que han tomado el control del vecino país. La crisis de Haití no puede seguir siendo exportada a nuestra economía, a nuestros hospitales y a nuestra paz social por la falta de una política de mano firme.
La tibieza en la aplicación de la ley de migración es el camino más corto hacia la disolución de nuestra frontera. No se trata de odio, se trata de orden. El país demanda una hoja de ruta que priorice el interés nacional por encima de los intereses de quienes ven en la mano de obra irregular un beneficio económico, ignorando el costo histórico que pagaremos todos.
Es hora de pasar del carnet del desorden a la visa de la legalidad.

